De qué hablamos cuando hablamos de empleabilidad

De qué hablamos cuando hablamos de empleabilidad

Como explicábamos en un artículo en este mismo blog hace unos meses, la empleabilidad es un término que cada día se utiliza más, pero también es un concepto poliédrico que puede contemplarse desde muy diferentes perspectivas y que, por tanto, puede adoptar muy diferentes significados dependiendo del contexto en el que se emplee.

La nota que podéis descargar al final de esta entrada la hemos elaborado con un doble objetivo. Por una parte, arrojar luz sobre las múltiples acepciones de este constructo. Por otra, generar conciencia sobre los beneficios que invertir en empleabilidad tiene tanto para las personas que se animan a ello como para las organizaciones en las que trabajan estos individuos.

Abrimos el documento con una breve historia del término, desde las primeras publicaciones en los años cincuenta y sesenta, donde la empleabilidad se entendía, ante todo, como un instrumento para alcanzar el pleno empleo, a la literatura más reciente donde la persona deviene el principal actor de su empleabilidad y donde, desde la perspectiva pública, ya no solo importa estimular la incorporación al mercado de trabajo de los individuos menos favorecidos sino, ante todo, asegurar a las personas posibilidades de carrera dentro y fuera de los límites de las organizaciones en un entorno incierto y en cambio continuo.

Seguidamente, y a fin de ilustrar algunas de las diferentes acepciones del término empleabilidad, examinamos tres constructos distintos que nos parecen particularmente relevantes. En primer lugar la perspectiva sistémica de Forrier y Sels, quienes parten de una definición comprehensiva de empleabilidad según la cual las posibilidades de un individuo de conseguir o mantener un empleo en un mercado de trabajo interno o externo dependen de sus habilidades y su voluntad, pero también de la realidad del contexto. En segundo lugar, el enfoque competencial de Van Der Heijde y Van Der Heijden, que entienden la empleabilidad como “la continua realización, adquisición o creación de trabajo mediante un uso óptimo de competencias”. en tercer lugar, la perspectiva actitudinal de Fugate y Kinicki quienes estudian la empleabilidad como “una constelación de diferencias individuales que predisponen a los empleados a adaptarse proactivamente a los cambios que experimenta su entorno laboral y de carrera”.

Asimismo, dedicamos un apartado especial a una dimensión de la empleabilidad a la que cada vez se presta más atención en la literatura científica: la denominada empleabilidad “subjetiva” (en inglés, Self-Perceived Employability o SPE). Un término que hace referencia a la valoración que la persona hace de su propia empleabilidad, y cuya importancia radica en la influencia que esta percepción ejerce sobre la capacidad de la persona de capturar las oportunidades de empleo que surgen en su entorno.

Cerramos el documento con una sección dedicada a uno de los aspectos sobre los que podemos trabajar las personas para incrementar nuestra empleabilidad, y al que a menudo no prestamos suficiente atención: nuestro capital social.

 

Imagen Bradley Gordon bajo licencia Creative Commons

Una publicación de
FFWi