Sedentarismo directivo

Si Alessandro Baricco dedicase una secuela de su libro Los bárbaros a como la revolución digital está transformando el mundo de la empresa, probablemente escribiría sobre la decadencia de esos directivos “sedentarios” que, parapetados tras los muros de sus despachos, contemplan confusos y desorientados como su “civilización” se tambalea ante el ataque de unos nómadas que, procedentes de la periferia del imperio, cabalgan ligeros de equipaje y nunca miran hacia atrás.

Esa mentalidad “sedentaria” de la que esos directivos son prisioneros es consecuencia de años primando la eficiencia frente a la flexibilidad, la robustez frente a la agilidad y, como argumenta Wildavsky en su libro Searching for Safety, la seguridad frente a la resiliencia.

Una mentalidad sedentaria que se concreta en inercias organizativas y personales contra las que no siempre es fácil luchar y que provocan que a esos directivos les cueste horrores funcionar en un escenario complejo y ambiguo donde no pueden tenerlo controlado, donde las causas de las situaciones a que se enfrentan no son nada evidentes y sus soluciones “de siempre” ya no sirven.

Una mentalidad sedentaria que contrasta con la cultura “nómada” de una horda de jóvenes “intrusos”, muchos procedentes de economías “emergentes”, que, sin lastres del pasado, contemplan el futuro con ojos limpios y aprovechan lo fácil y barato que hoy resulta experimentar nuevas ideas y lanzar nuevos proyectos empresariales, gracias a la aplicación de nuevas tecnologías digitales, el empleo de nuevas fórmulas de trabajo, o el uso de soluciones “plug and play”, para desarrollar en tiempo récord, con un equipo humano mínimo y niveles muy bajos de inversión, negocios millonarios de alcance global, o incluso reescribir las reglas de sectores enteros de la economía.

Image by Alexander Rentsch under a creative commons license.

Un artículo de
Santi Garcia