Las empresas del mundo físico y del virtual suman fuerzas

Una de las estrategias que tienen las especies de adaptarse a los cambios del entorno en la naturaleza es la simbiosis, una unión de fuerzas a través de la cual dos o más organismos de distintas especies producen relaciones en que todos salen beneficiados.

Asistimos cada vez más a este tipo de uniones como una de las maneras que tienen hoy las empresas ‘tradicionales’ de abordar el cambiante mundo actual y aprovechar las nuevas herramientas digitales. La suma de los activos de empresas del mundo tangible con las capacidades de las que han nacido en su equivalente virtual, se traduce en una mejor experiencia para los clientes que ya esperan lo mejor de ambos mundos.

Uno de los últimos ejemplos ha sido la reciente adquisición de TaskRabbit por parte del gigante de los muebles IKEA.

Fundada en 2008 (más de medio siglo después que IKEA), TaskRabbit es uno de los ejemplos más citados de la llamada ‘economía colaborativa’. Proporciona una plataforma digital que permite conectar a personas que necesitan ayuda para sus ‘chapuzas domésticas’ con gente ‘manitas’ que se ofrece de forma autónoma, normalmente a tiempo parcial. Resumiendo mucho el acuerdo: IKEA te venderá los muebles y Taskrabbit te los montará (para muchos, uno de los pocos ‘pains’ del modelo IKEA).

Para Taskrabbit, además del beneficio para sus accionistas que se deriva de la compra, el apoyo del gigante le permitirá conectar con la enorme masa de clientes de IKEA y abordar con mayores garantías su proceso de expansión.

Y esta no es ni la primera ni la única colaboración de IKEA con el mundo digital, como se puede observar por ejemplo en sus escarceos con empresas especializadas para su apuesta por la realidad virtual.

Otro caso curioso de este tipo alianzas es la de Lowe’s, una cadena de distribución de material de bricolaje, que trabajando con la start-up Made in Space, envió digitalmente una de sus llaves inglesas a un necesitado astronauta en la estación espacial internacional que la imprimió in-situ mediante una impresora 3D.

En otras ocasiones, por el contrario, se trata de un actor de ‘lo digital’ que busca complementar su oferta con una parte física, como hemos visto en la compra por parte de Amazon de la cadena de alimentos orgánicos Whole Foods, que tras aplicar una agresiva reducción de precios ha hecho tambalear el mercado de la distribución en Estados Unidos y ha proporcionado a Amazon una presencia real cerca de hogares de alto nivel adquisitivo para vender productos tan poco ‘orgánicos’ como su altavoz-asistente Amazon Echo.

Y otro ejemplo más cercano es la alianza de Repsol con Amazon para que sus usuarios pueden recoger sus pedidos de Internet al rellenar el depósito de gasolina de sus coches.

En resumen, estamos asistiendo a la fusión de dos mundos que parecían antagónicos y que cada vez veremos acercarse más.

 

Imagen Sean Hobson bajo licencia Creative Commons

Un artículo de
Jordi Serrano