La inteligencia artificial nos dará trabajo

Hasta tal punto nos hemos acostumbrado a recibir noticias casi a diario sobre los avances en el campo de la Inteligencia Artificial (IA) que se han vuelto algo normal para nosotros, recordando un poco al famoso mito (por cierto, falso) de que las ranas mueren cocidas si se les sumerge en agua que es calentada poco a poco.

Por citar solamente algunos de los hitos en este campo ocurridos en este 2017 que justo acabamos de abandonar:

>> Alpha Zero, una nueva versión del software de DeepMind (Google) que cosechó multitud de titulares el año anterior al ganar al Go a uno de los más famosos campeones de este juego, superó esa hazaña, esta vez aprendiendo desde cero por si solo (sin ayuda humana) y en tan sólo unas pocas horas a jugar a este y otros juegos ,como el ajedrez, a un nivel imbatible.

>> Una solución de IA consiguió igualar la capacidad de dermatólogos especialistas para detectar cáncer de piel a partir de imágenes.

>> Como comentamos en un artículo anterior, este ha sido el primer año en que una flotilla de coches autónomos (conducidos por una IA) ha entrado por primera vez en funcionamiento en una ciudad real para proporcionar un servicio de transporte de viajeros.

>> También el software de Google, ayudó a los científicos a la NASA a rebuscar entre los datos de su telescopio Kepler, descubriendo nada menos que un nuevo planeta.

>> Y algo que quizá por ser más técnico ha pasado más desapercibido: Por primera vez una IA logró ‘replicarse’ programando ella sola nuevas IA ‘hijas’ cuya capacidad de detección de imágenes supera la de las versiones programadas por humanos.

Claramente, parece que estamos asistiendo a una explosión de esta tecnología, que también queda patente en la enorme cantidad de recursos financieros que están llegando para apoyarla, como por ejemplo los 36 millones de dólares que la iniciativa de IA descentralizada SingularityNET consiguió recaudar en unos escasos sesenta segundos.

En el mundo del trabajo tanta efervescencia suele interpretarse como una amenaza, dado el riesgo, cada vez más palpable, de automatización de muchos empleos.

Pero también surgen señales más positivas, que asocian la llegada de esta tecnología con la creación de nuevos trabajos y con múltiples beneficios para la economía en general.

En esta línea, un reciente estudio de Gartner aboga por la idea de una ‘Inteligencia Aumentada’, que viene a apoyar a los humanos más que a sustituirlos, y pronostica para 2020 un saldo positivo entre los empleos destruidos y los nuevos que se generarán alrededor de la IA, con un total de más de dos millones de nuevos empleos para 2025.

Desde una perspectiva más cualitativa, otro estudio, esta vez de Accenture, identifica nuevos tipos de trabajo que hace unos años parecían ciencia ficción, como ‘Entrenador de IA’ o ‘Asesor ético para la automatización’.

Y en el último informe sobre ‘trabajos emergentes’ de LinkedIn, empleos como ‘Ingeniero en Machine Learning’ o ‘Científico de Datos’ aparecen en los primeros puestos en cuanto a crecimiento de la demanda. De hecho, si hoy mismo hacemos una búsqueda en esta red descubriremos más de diez mil oportunidades de empleo asociadas a ‘Artificial Intelligence’.

La pregunta continúa siendo si estos nuevos empleos, que sin duda van a surgir, podrán ser desempeñados por las mismas personas que las máquinas amenazan con desplazar

La pregunta continúa siendo si estos nuevos empleos, que sin duda van a surgir, podrán ser desempeñados por las mismas personas que las máquinas amenazan con desplazar, dado que estos nuevos trabajos probablemente requerirán un mayor nivel de capacidades. Pero para poder responder a esa pregunta, por mucho que hoy la tecnología nos ofrezca oportunidades de formación sin precedente, lo primero es ser conscientes de lo que se nos viene encima.

En esta línea, es muy reveladora una encuesta realizada entre los lectores de Quartz: aunque nueve de cada diez consideran que la IA y los robots van a eliminar muchos empleos, igualmente son de la opinión que, como sucede con los accidentes de tráfico, eso es algo que les ocurrirá a otros y no a ellos…

 

Imagen Matthew Hurst bajo licencia Creative Commons

Un artículo de
Jordi Serrano